AUTO NEGACIÓN 

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Mar
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NO NOS PERTENECEMOS, SOMOS DEL SEÑOR. 

1. La ley divina contiene un plan adecuado y ordenado para la regulación de nuestra vida; pero nuestro Padre celestial ha querido dirigir a los hombres por medio de un principio clave excelente.

Es el deber de todo creyente presentar su cuerpo como un sacrificio vivo, santo, aceptable a Dios, como indica la Escritura. En esto consiste la verdadera adoración. El principio de la santidad nos lleva a la siguiente exhortación: «No os adaptéis a las formas de este mundo, sino transformados por medio de la renovación de vuestra mente, para que comprobéis cuál es la voluntad de Dios; lo bueno, lo que le agrada, y lo perfecto» (Rom. 12:2). Es muy importante que estemos consagrados y dedicados al Señor, pues eso significa que pensamos, hablamos, meditamos o hacemos cualquier cosa teniendo como motivo principal la gloria de Dios. Recordemos que aquello que es sagrado no puede aplicarse a usos impuros sin cometer una seria justicia y agravio a Dios.

2. Si no somos nuestros y pertenecemos al Señor, debemos huir de aquellas cosas que le desagradan y encauzar nuestras obras y nuestros hechos a todo aquello que Él aprueba.

Basándonos en el hecho de que no nos pertenecemos, tendríamos que aceptar que ni nuestra razón ni nuestra voluntad deberían guiamos en nuestros pensamientos y acciones. Si no somos nuestros, no hemos de buscar satisfacer los apetitos de nuestra carne. Si no somos nuestros, entonces olvidémonos de nosotros mismos y de nuestros intereses todo cuanto nos sea posible. Pertenecemos a Dios; por lo tanto, dejemos de lado nuestra conveniencia y vivamos para Él, permitiendo que Su sabiduría guíe y domine todas nuestras acciones. Si pertenecemos al Señor, dejemos que cada parte de nuestra existencia sea dirigida hacia Él. Ésa debe ser nuestra meta suprema.

3. ¡Cuánto ha avanzado aquel hombre que ha aprendido a no pertenecerse a sí mismo, ni a ser gobernado por su propia razón, sino que rinde y somete su mente a Dios!

El veneno más efectivo que lleva a los hombres a la ruina es el hecho de jactarse en si mismos, en el poder y la sabiduria humana. La única salida para zafarse de este autoengaño es sencillamente seguir la guía del Señor. Nuestro primer paso debería ser el de aplicar todo nuestro poder al servicio del Señor.

4. El servicio del Señor no solo implica una auténtica obediencia, sine también la voluntad de poner aparte los deseos pecaminosos y rendirse completamente al liderazgo del Espíritu Santo.

La transformación de nuestras vidas por medio del Espíritu Santo es lo que Pablo llama la renovación de la mente. Éste es el verdadero principio de la vida, el cual los filósofos de este mundo desconocen. Los filósofos paganos ponen la razón contra la única guía de la vida, de la sabiduría y la conducta, pero la filosofia cristiana nos demanda que rindamos nuestra razón al Espíritu Santo, lo que significa que ya no vivimos más para nosotros mismos, sino que Cristo vive y- reina en nuestro ser. Ver Rom. 12:1; Efes, 4:23; Gál. 2:20.

BUSCAR LA GLORIA DE DIOS IMPLICA UNA AUTO NEGACIÓN.

1. No busquemos nuestros propios intereses, sino aquello que complace al Señor y contribuye a promover su gloria.

Hay una gran ventaja en olvidamos prácticamente de nosotros mismos y en dejar de lado todo aspecto egoísta; pues así podemos enfocar nuestra devota atención a Dios y Sus mandamientos. Cuando la Escritura nos dice que descartemos todas las consideraciones personales y egoístas, no sólo excluye de nuestras mentes el deseo de riquezas de poder y el favor de los hombres, sino que también hace desvanecer de nuestra imaginación las falsas ambiciones, los apetitos por la gloria humana. y otras maldades secretas. Todo creyente debe tener el deseo ferviente de contar con Dios para cada momento de su vida.

2. Un cristiano medirá todas sus acciones por medio de la ley de Dios y sus pensamientos secretos estarán sujeto su divina voluntad.

Si un hombre ha aprendido a depender de Dios para cada empresa de Su vida será liberado de todos sus vanos deseos. La negación de nosotros mismos, que ha sido tan diligentemente ordenada por Cristo a Sus apóstoles desde el principio, terminará dominando todos los deseos de nuestros corazones. Esta negación de nosotros mismos no dejará lugar para el orgullo, la arrogancia, la vanagloria, la avaricia, la licencia, el amor a la lujuria, al lujo, o cualquier otra cosa nacida del amor al «yo». Sin el principio del auto negación el hombre es llevado a la indulgencia por los vicios más grotescos sin un mínimo de vergüenza, y si es que hay alguna apariencia de virtud en él, la misma se desvanece por una pasión desordenada que busca su propia gloria. Mostradme un solo hombre que no crea en la santa ley de Dios o en la auto negación, y que aun así practique la virtud entre los hombres.

3. Todos aquellos que no han sido influidos por el principio de la auto negación, han procurado de algún modo seguir la virtud, pero lo han hecho con el deseo de conseguir la alabanza por parte de los demás hombres.

Aun los filósofos que sostienen que la virtud es algo deseable por sí misma, se han enaltecido en su arrogancia, demostrando que no desean la virtud sino para tener una oportunidad de ejercitar su orgullo. Dios no se complace en absoluto con aquellos que son ambiciosos y altivos, y cuyos corazones están llenos de orgullo y presunción. De estos hombres el Señor dice que ya tienen su recompensa en este mundo, y que las rameras y los fariseos (arrepentidos), están más cerca que ellos del reino de los cielos.

4. Incontables son los obstáculos del hombre que desea hacer lo que es concepto y al mismo tiempo se resiste a negar su «yo».

Desde la antigüedad se sabe que hay todo un mundo de vicios escondido en el alma humana, pero el auto negación cristiana es el remedio para acabar con todos. Solo hay liberación para el hombre que renuncia a su egoismo. y cuya única meta es agradar al Señor y hacer lo que es bueno delante de Sus ojos.

AUTO NEGACIÓN SIGNIFICA «SOBRIEDAD, JUSTICIA Y DEVOCIÓN»

1. El apóstol Pablo nos da un breve sumario de una vida bien regulada cuando le dice a Tito:

«Porque la gracia de Dios se ha manifestado para ofrecer salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimimos de toda iniquidad y purificar para si un pueblo de su propiedad, celoso de buenas obras» (Tit. 2:11-14).

Pablo declara que necesitamos la gracia de Dios como estímulo para nuestras vidas, pero que para llegar a una verdadera adoración deben quitarse de en medio dos obstáculos: primero, la falta de devoción a la cual estamos fuertemente inclinados, y luego, la concupiscencia de la carne que trata de agobiamos y abrumamos. La falta de piedad y devoción no sólo da lugar a las supersticiones, sino a todo aquello que estorba el santo temor hacia Dios. Las concupiscencias mundanas representan o simbolizan las afecciones carnales. Pablo nos urge a que dejemos de lado nuestros deseos anteriores, los cuales están en conflicto permanente con las dos tablas de la ley, y que renunciemos a todos los dictados de nuestra propia razón y voluntad.

2. El apóstol resume todas las acciones de la nueva vida en tres grupos: sobriedad, justicia y piedad.

Indudablemente la sobriedad significa castidad y templanza, y también el uso puro y frugal de las bendiciones temporales, incluyendo la paciencia en la pobreza. La rectitud incluye todos los deberes de la justicia, de modo que cada hombre reciba lo que le corresponde. La piedad nos separa de la contaminación del mundo y, por medio de la verdadera santidad, nos une a Dios. Cuando las virtudes de la sobriedad, la justicia y la piedad están firmemente unidas. producen una absoluta perfección.

3. Nada es más difícil que dejar de lado los pensamientos carnales, someter y renunciar a nuestros falsos apetitos, y consagramos a Dios y a nuestros hermanos, viviendo así una vida de ángeles en un mundo de corrupción.

Para Librar nuestras mentes de todo engaño, Pablo llama nuestra atención a la esperanza de una bendita inmortalidad, y nos anima para que sepamos que nuestra esperanza no es en vano. Así como Cristo apareció una vez como Redentor, Él vendrá otra vez para mostramos los beneficios de la salvación que hemos obtenido. El Señor Jesucristo nos quita de nuestra mente los encantos que nos ciegan, y nos, impide volver a deseados, dándonos un justo celo por la gloria celestial. Cristo también nos enseña para que vivamos en este mundo como «extranjeros y peregrinos, de modo que no perdamos nuestra herencia en los cielos. Ver Tit. 2:11-14.

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