AUTO NEGACIÓN – 3ra Parte

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May
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Una buena conducta cívica no es suficiente. 

  1. Si no cumplimos con todos los deberes del amor, nunca podremos practicar una negación real del yo.

Estos deberes no los cumple aquel cristiano que realiza su servicio de una forma meramente externa, sin omitir ni siquiera un detalle, sino el que actúa tomando como base el sincero principio del amor.

Puede acontecer que el hombre desempeñe sus deberes de acuerdo con sus mejores habilidades, pero si su corazón no está en lo que hace, le falta mucho para llegar a su meta.

Hay quienes son conocidos por ser muy liberales, y aun así nunca han dado nada sin manifestar su regañiza, orgullo o, incluso, insolencia.

En nuestros días estamos tan sumergidos dentro de esta especie de calamidad, que casi nadie es capaz de dar una miserable limosna sin una actitud de arrogancia o desdén.

La corrupción de los tiempos en que vivimos es tan enorme que no habría sido tolerada aun por los propios paganos.

  1. Al practicar el ayudar a otros, los cristianos deberían tener algo más que una cara sonriente, una expresión amable o un lenguaje educado.

En primer lugar, tendrían que situarse en el lugar de Aquella persona que necesita su ayuda, y simpatizar con ella como si fuesen ellos mismos los que están sufriendo.

Su deber es mostrar una verdadera humanidad y misericordia, y ofrecer su ayuda con tanta espontaneidad y presteza como si fuera para ellos mismos.

La piedad que surge del corazón hará que se desvanezcan la arrogancia y el orgullo, y nos prevendrá de tener una actitud de reproche o desdén hacia el pobre y el necesitado.

Cuando un miembro de nuestro cuerpo físico está enfermo, y todo el organismo tiene que ponerse en acción para restaurarlo y volverlo a la salud, no tomamos una actitud de desprecio hacia ese miembro enfermo, ni lo cuidamos o lo sostenemos por obligación, sino con nuestra mejor voluntad.

  1. La ayuda mutua que las diferentes partes del cuerpo se ofrecen las unas a las otras no es considerada por la ley de la naturaleza como un favor, sino como algo lógico y normal cuya negativa seria cruel.

Por tanto, si un hombre ha realizado un servicio a otro, no debe considerarse librado de todas sus demás obligaciones.

Por ejemplo… Si alguien es rico y ha dado parte de su propiedad, pero en cambio se niega a ayudar a otros en sus problemas, no puede considerarse excusado de haber cumplido con todas sus obligaciones.

Por más importante que sea, cada hombre debe darse cuenta de que es deudor de su prójimo, y que el amor le demanda que dé hasta el límite de su capacidad.

No hay felicidad sin la bendición de Dios. 

  1. Analicemos en forma más detallada este aspecto del auto negación y su relación con Dios.

No hace falta repetir los muchos comentarios que ya se han hecho anteriormente, pero será suficiente con señalar cómo esta forma de esta auto negación puede hacemos apacibles y pacientes.

En primer lugar, la Escritura nos Ilama la atención al hecho de que si deseamos sosiego y tranquilidad en nuestras vidas, tenemos que rendimos a nosotros mismos y todo aquello que tenemos a la voluntad de Dios.

Al mismo tiempo, y puesto que es nuestro Salvador y el Señor de nuestras vidas, deberíamos también rendir a Él todos nuestros afectos.

Nuestra naturaleza carnal, en su forma natural, desenfrenada y codiciosa, anhela las riquezas y el poder, el honor y la vanidad, y todo aquello que llene nuestra existencia de una pompa vacía e inútil.

Por otra parte, tememos y aborrecemos la pobreza. In oscuridad y la humildad, y tratamos de evitar estas cosas por todos los medios posibles.

No es dificil ver en nuestros días como la gente se afana, siguiendo los deseos y dictados de su propia mente, para conseguir todos aquellos objetos que su ambición y codicia les demandan.

  1. Los creyentes hemos de tener siempre presente el hecho de que todo lo que comprende y rodea nuestra vida depende únicamente de la bendición del Señor.

A veces pensamos que podemos alcanzar fácilmente las riquezas y el honor con nuestro propio esfuerzo, o por medio del favor de los demás; pero ténganlos siempre presente que estas cosas no son nada en sí mismas, y que no podremos abrimos camino por nuestros medios a menos que el Señor quiera prosperamos.

  1. Por otra parte, esta bendición nos abrirá el camino para que seamos prósperos y felices, no importa las adversidades que puedan venir.

Aunque seamos capaces de obtener cierta medida de bienestar y fama sin la bendición divina, como sucede con mucha gente mundana, vemos que estas personas están bajo la ira de Dios y, por lo tanto, no pueden disfrutar de la más mínima particula de felicidad.

Así pues, llegamos a la conclusión de que no podemos obtener nada sin la bendición divina, y aunque pudiésemos lograrlo, acabaría siendo una calamidad para nuestras vidas. Reflexionemos entonces y no seamos necios en anhelar aquellas cosas que nos harían más desdichados.

No debemos estar ansiosos por obtener riquezas y honores. 

  1. Si creemos que todo anhelo de prosperidad y bienestar debe basarse solamente en la bendición divina, y que sin ella sólo podemos esperar miserias y calamidades, también hemos de entender que no tenemos que estar ansiosos en tratar de conseguido todo apoyándonos en nuestra propia diligencia y aptitudes, dependiendo del favor de los hombres o confiando en la «buena suerte».

Esperemos siempre en el Señor; Él nos dirigirá de modo que podamos obtener la bendición que tiene reservada para nuestras vidas.

Si esperamos en Dios, ya no tendremos que apresuramos para conseguir las riquezas y el honor por medios dudosos, engañando a nuestro prójimo o sirviéndonos de triquiñuelas, sino que antes nos abstendremos de estas cosas que nos apartan del camino de la voluntad de Dios.

Pues ¿quién puede esperar la ayuda o la bendición divina sobre el fraude, el robo u otros actos deshonestos?

  1. La bendición divina viene únicamente sobre aquellos que son puros en sus pensamientos y justos en sus hechos, influyendo en todo aquel que procura mantenerse alejado de la corrupción y la maldad.

Todo creyente debe sentir deseos de permanecer apartado de la falsa ambición y la búsqueda inadecuada de grandezas y honores.

Pues ¿no seria acaso vergonzoso confiar en la ayuda divina sı al mismo tiempo estamos en medio de asuntos que contradicen Su Palabra?

Lejos está de Dios prosperar con Su bendición al que antes ha maldecido con Su boca.

  1. Finalmente, si no tenemos el éxito que esperamos no debemos impacientamos ni detestar nuestra condición, cualquiera que ésta sea, porque esta actitud denota una rebelión contra Dios, quien reparte a riada uno según Su sabiduría «su santa voluntad.

En conclusión, aquel que retiene la bendición de Dios de la forma que hemos descrito, no irá detrás de aquellas cosas que el hombre mundano codicia, y no usará aquellos métodos de los cuales ya sabe que no va a sacar provecho.

Por otra parte, un verdadero cristiano no deberá atribuir ninguna prosperidad a su propia diligencia, trabajo o buena suerte, sino que ha de tener siempre presente que Dios es el que prospera y bendice.

Si solamente ha podido hacer pequeños progresos, o se queda atrás mientras los otros siguen adelante, deberá sobrellevar su pobreza con tranquilidad y moderación, y no con la rebeldía y exasperación con que lo hace un hombre del mundo.

  1. El verdadero cristiano posee una dulce consolación que le proporciona más satisfacción que el mayor de los bienestares humanos, pues está convencido de que todos sus asuntos son regulados por el Señor según Su eterno propósito para os Suyos.

David, quien seguía a Dios y se rendía a Sus ordenanzas, dijo lo siguiente: «Jehová, no está envanecido en el corazón, ni mis ojos son altivos; no ando tras grandezas, ni tras cosas demasiado sublimes para mí.

Sino que me he calmado y he acallado mi alma como un niño destetado de su madre: como un niño destetado está mi alma» (Sal. 131: 1 y 2).

El Señor es justo en todos Sus actos. 

  1. Éste no es el único caso en que los creyentes deberían ser pacientes y temerosos de Dios, pues es menester vivir de esta forma en todas las circunstancias de la vida.

No hay nadie que se haya negado a sí mismo correctamente a menos que esté totalmente rendido al Señor y quiera dejar cada detalle de su existencia, en Sus manos.

Si tenemos esa predisposición mental, las cosas que nos sucedan jamás nos harán sentir desdichados, ni tampoco acusaremos falsamente a Dios por nuestra suerte.

  1. Si consideramos la enorme cantidad de accidentes a la que estamos expuestos, veremos cuán necesario es ejercitar nuestra mente de esta forma.

Enfermedades de todo tipo tocan nuestros débiles cuerpos, una detrás de la otra: o la pestilencia nos encierra, o bien los desastres de la guerra nos atormentan.

En otra ocasión, las heladas o el granizo devoran nuestras cosechas, y además somos amenazados por la escasez y la pobreza.

Otras veces nuestros seres queridos-esposo, esposa, padres. hijos y otros familiares son arrebatados por la muerte, o nuestro hogar es abrasado por las llamas ardientes del fuego devorador.

En vista de estos acontecimientos la gente maldice su vida, y hasta el dia en que nacieron; culpan al sol y a las estrellas, e incluso reprochan y blasfeman a Dios, como si El fuera cruel e injusto.

  1. Pero el fiel creyente, aun en medio de todas estas circunstancias meditará en las misericordias y en sus bondades paternales de Dios.

Si ve que sus seres amados le son arrebatados y su hogar queda solitario; no cesará de bendecir a Dios, y considerará que la gracia de Su Padre celestial no le dejará desolado.

Si ve sus tierras de cultivo y sus viñedos destrozados por la escarcha o el granizo, y él y su familia amenazados por el hambre, no se desanimará ni estará insatisfecho, sino que persistirá en su firme confianza:

– Estamos bajo el cuidado protector de nuestro Dios, somos «las ovejas de su prado», por lo que Él nos suplirá todo aquello que necesitamos.

Si alguien es afligido con la enfermedad, no se deprimirá con la amargura, ni se impacientará y se quejará contra Dios, sino que considerará la justicia y bondad de su Padre Eterno y crecerá en la paciencia mientras es castigado y corregido.

  1. Resumiendo, SI sabemos que cualquier cosa que nos ocurra es ordenada por Dios, la recibiremos con un corazón pacífico y agradecido, no siendo culpables de resistir orgullosamente los designios del Señor, a quien una vez nos hemos encomendado junto con todo lo que poseemos.

Lejos estará del corazón del cristiano aceptar el consuelo necio y retorcido de los filósofos paganos, quienes intentan endurecerse contra las adversidades culpando de ello a la suerte o al destino.

Los tales consideran que estar disgustados con la porción que nos toca es una locura, porque existe un poder ciego y cruel en el mundo que afecta a todos, dignos e indignos.

Sin embargo, el principio de la verdadera devoción es que sólo Dios es el Guía y Gobernador supremo, tanto en la prosperidad como en la adversidad y que nunca se precipita, sino que distribuye todo bien y todo mal con la máxima justicia y equidad. Ver Salmo 79:13.

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